DAVID MARTINEZ PELAEZ – Impartir clase al alumnado de LH1 Y LH2: un pequeño mundo de fantasía.

De forma más o menos continua he dado clases de ajedrez desde el 2003, y aunque he visto un reto en todos los grupos, debo reconocer que han sido mis alumnos pre benjamines (6-7 años) los que me han obligado a sacar el lado más creativo.

Sería injusto no reconocer la influencia que ha tenido en mí mi hija Lorea, que mientras escribo estas líneas tiene todavía seis añitos, (el 10 de diciembre cumplirá siete). Sin ser yo muy consciente de ello, cada vez que inventábamos personajes se estaba creando el estado de ánimo propicio para que algunos traspasasen el umbral de casa y se incorporasen a las clases de ajedrez de LH1 y LH2. Efectivamente, con niños y niñas de esas edades los monitores podemos crear un pequeño mundo de fantasía sin sentirnos juzgados.

En fin, solo me queda expresar la tristeza que mi hija se me haga mayor, y que personajes como Apisishi o Pampampa hayan quedado olvidados en la noche de los tiempos (entonces ella tenía 2-3 años y ya no los recuerda) y, que dentro de poco, muy probablemente, reniegue y se avergüence de las actuales Adriana, Juliana, Pablo y Alberto, la Princesa Fabiola, el Marqués de Traspeña , el doctor Dolor Malo, la Águila Matías, Sofía la Tarántula Luka La Ostruka y tantos otros…

¿Por qué LH1 y LH2?

Por diferentes razones el alumnado de 6-7 años es muy especial.

1 A nivel cognitivo son edades de grandes cambios. Si alguien quiere informarse al respecto puede leer lo que a ese respecto escribió el psicólogo suizo Jean Piaget, la mayor autoridad mundial en ese campo.

https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_desarrollo_cognitivo_de_Piaget#La_sub-etapa_del_pensamiento_intuitivo

2 En la mayor parte de los casos va a ser su primer contacto con el ajedrez y puede marcar el futuro interés por el mismo. Hay que tener en cuenta que su umbral de concentración es muy reducido y que cuando pierden interés es difícil reconducirles.

No es lo mismo un colegio que un club

Otro factor a tener en cuenta es la diferente predisposición que pueda tener, aun siendo de la misma edad, el alumnado de la extraescolar de ajedrez en un colegio y el de un club de ajedrez.

Los que acuden a clubes generalmente lo hacen por elección propia. Y, aunque hagan travesuras propias de la edad, acaban adaptándose al entorno, que por otra parte está pensado exclusivamente para la práctica del ajedrez.

En los colegios, en cambio, entre los niños de LH1 y LH2 que forman los grupos de ajedrez se mezclan:

1 Los que están aquellos realmente interesados, a veces con influencia ajedrecística de familiares y amistades.

2 Los que eligen ajedrez a instancias de los padres y madres, por conveniencia horaria o económica (suele ser más barata que otras actividades).

El entorno no suele ser el más propicio, la enseñanza del ajedrez se realiza en aulas en las que se convive con juguetes, material escolar de muchos alumnos, maquetas y proyectos ¿Quién se concentra habiendo un volcán en miniatura o una maqueta del Sistema Solar?

A veces existe interacción con alumnos de otras extraescolares, bien porque a veces están puerta con puerta o porque coincidan en los pasillos o cuando van al servicio.

Siendo consciente de estas dificultades al monitor que imparte en colegios solo le queda una opción. Tiene que hacer un esfuerzo extra para seducir a su alumnado. No tanto por el atractivo intrínseco que tiene el ajedrez. Es poco probable que a esas edades les entusiasme un mate maravilloso en el que el rey adversario atraviese medio tablero. No, eso no funciona. Son criterios para un alumnado mayor, que empiezan a apreciar la belleza de las partidas. Los chavales de 6-7 años requieren otra cosa, una puesta en escena inesperada, especial, locuela (que no alocada) dentro de un control.

Fuera sensación de ridículo

Cualquiera que quiera impartir a estas edades tiene que estar dispuesto a tener un corazón de niño, salvo en los momentos en los que la disciplina sea imprescindible para evitar males mayores. Si no se está dispuesto a hacer tonterías, es preferible renunciar a impartir a estas edades.

Los caballos de ajedrez deberían relinchar y moverse en eles extraordinariamente marcadas, para que el alumnado pueda interiorizar un movimiento que, aunque para los jugadores no tiene secretos, es difícil para los niños más pequeños.

Las piezas que no juegan fingen echarse la siesta o reprochan a sus peones que les mantienen encerrados y no les dejan divertirse.

Las piezas capturadas por descuidos simplotes reviven y reprochan a su dueño que no les haya sabido cuidar mejor. Las jugadas ilegales dan calambre, cuando el rey se mete en jaque también da calambre.

Verbalizar lo que ocurre en la partida de ajedrez, tomar el rol de cada una de las piezas.

El mate no es imprescindible

Con 6-7 años una partida, si los dos jugadores están de acuerdo puede tener como fin ganar más puntos que el rival (sin renunciar a la posibilidad de ganar por jaque mate). A veces las partidas se les hacen muy largas en cuanto a número de jugadas y si les vemos desganados podemos hacer la cuenta de los puntos logrados. Fijaremos el valor de las piezas y cogerán buenos hábitos. Más que suficiente.

Otra ventaja importante que tiene dar por finalizada la partida es que si bien alguien saca más puntos que su rival evitamos la situación de resultado absoluto en el que uno de los contendientes gana y el otro pierde.

¿Ilegales? Corrígeles un poquito y déjales jugar

Lo más habitual es que hagan muchas jugadas ilegales.

Con el tiempo he aprendido que sacarles constantemente de su error es un error en sí mismo.

Por buscar un símil, es como si a un estudiante de lengua extranjera a cada frase que diga le corriges todos los fallos de pronunciación y gramaticales. Por mucho tacto que tengas le quitarás las ganas de intentarlo y afectará a su confianza.

Ahogado. De momento, óbvialo

Absolutamente natural para ti, absolutamente ilógico para los chavales. Mi consejo es que a nivel colegios quede aparcado hasta LH3. Todos saldréis ganando.

Estructura 10-15-20

La clase de una hora (efectiva unos 45 minutos) debería componerse de partes diferenciadas.

En general uso la regla del 10-15-20:

10 minutos para repasar lo visto la semana pasada,

15 minutos para ver uno o como máximo dos conceptos nuevos

El resto del tiempo para, según los casos, jugar, ver videos.

En grupos de niños mayores pudiera ser 20-20-20, pero a estas edades se corre el riesgo de que no quede tiempo para jugar. Y todo se echa a perder.

El orden, en mi opinión, es importante. El repaso lo doy al principio porque entiendo que están centrándose, vienen del comedor, del servicio, del patio, etc. El momento central de la clase es cuando generalmente enseño algo nuevo y en la parte final cuando hacen algo más distendido.

¡Inventa ayudantes!

Es conveniente que el monitor se meta en la cabeza de un pre benjamín y eche mano de personajes inventados. Didácticos y divertidos. Dibújalos, búscalos en la red, moldéalos con plastilina, lo que se te ocurra.

Con ese último apartado me despido y os anticipo sobre qué voy a escribir en la próxima entrega: como mis manos se convirtieron en las plantas carnívoras Adriana y Juliana.

 

David Martinez Pelaez

Monitor de ajedrez y miembro del Ortuellako Xake Kluba “El Peon”